Agua – atributos culturales

CULTO, ARTE Y CATÁSTROFE: NUNCA ANTES HABÍAN ESTADO TAN RELACIONADOS COMO HOY EN DÍA.

 

 

El agua, el bien más preciado de la naturaleza, es cada vez más escaso. El cambio climático nos trae inundaciones y sequías. Mientras que la política calla, la arquitectura, el urbanismo y el arte ya han reaccionado. Atardecer en Las Vegas, probablemente la ciudad más asombrosa del Universo. Los cirros adquieren un color rojo incandescente, sopla una ligera brisa. Tras la puesta de sol se anima “la Franja”, aunque el calor seco provoque que el sudor surque la frente y parezca que los poros expulsen hasta la última gota de humedad. Los aires acondicionados funcionan a pleno rendimiento, los ventiladores giran al ritmo de los anuncios de neón. Después de Venecia y de Ámsterdam, Las Vegas representa el sueño de la modernidad de domar a la naturaleza. Quien pasee a lo largo de las avenidas de Las Vegas no piensa en ningún momento en que bajo el asfalto solo hay arena y bajo un césped impecable, una red de conductos de agua y aspersores.

Sumergirse en el Versalles de la cultura pop, “desaparecer en alguno de los salones de juego”, algo que anhelaba Jean Baudrillard, se parece a dar un salto dentro de un cubo de hielo. Por aquí navegan gondoleros en canales refrigerados, por allá crujen trozos de hielo en la Coca Cola, pero nada es comparable con los juegos de agua neobarrocos del Bellagio. Muestran la cultura pop en su último estadío.

Cuando suena el ballet acuático y los 1203 chorros lanzan la espuma hacia el cielo del desierto queda bien claro: el agua es lujo, el agua es poder. En erupciones orgiásticas los cañones de aire a presión lanzan los chorros de agua hacia el cielo a casi 80 metros de altura. El aire huele a frescor, la neblina sopla por el lago como si saliera de atomizadores de perfume de enormes dimensiones, y riadas de curiosos se acercan hasta el casino.

Agua y cultura siempre han sido una misma cosa. Los Césares de Roma hicieron construir acueductos enormes, abrieron termas y organizaban batallas de gladiadores para la plebe curiosa. La limpieza ritual y la furia profana ya estaban unidas mucho antes de que los turistas alemanes abarrotaran las playas del sur de Europa y aparecieran los oasis del bienestar.

Cerca del 70% de nuestro cuerpo es agua, a lo largo de una vida de 80 años, nuestros riñones filtran casi 50.000 litros. El agua es el material más apreciado hoy en día, y ya no es una cosa de poca importancia desde que el cambio climático nos trae sequías y fuertes lluvias de forma cíclica. Los perdedores del mañana ya están hoy casi al borde de la extenuación. Mientras que nuestro consumo diario medio se sitúa en 130 litros, un 63% de la población de Uganda no tienen acceso al agua limpia. Y solo la mitad pueden utilizar instalaciones sanitarias. Aún más llamativo es el derroche de agua.

En 1996 se plantaron 76.000 palmeras y arbustos en la Siegfried and Roy Plaza. El agua es la clave del rápido crecimiento de Las Vegas. En torno al año 1900, esta ciudad densamente poblada no era más que un pastizal. Pero el 16 de mayo de 1905 llegó un tren especial con especuladores para una subasta inmobiliaria en tierra de nadie, en donde pronto se levantó una ciudad que en 1933 legalizó los juegos de azar y que atrajo a los primeros jugadores de Los Ángeles, situada a 250 kilómetros de distancia.

El río Colorado proporciona agua y energía barata. Pero hace tiempo que la Presa Hoover muestra el talón de Aquiles de Las Vegas. El descenso del nivel del río Colorado ha dejado blancos los muros de roca como si estuvieran cubiertos de guano. “Los cinco años posteriores a 1999 son oficialmente los más secos en 98 años”, advirtió el New York Times el 2 de mayo de 2004 y advirtió signos de una terrible sequía que hace pensar que el siglo XX, tan rico en agua, ha sido una gran excepción.

Aumentan los indicios de que el Oeste de los EE.UU. se está desertizando. Y la ciudad de los jugadores en la que todo parece posible está reaccionando. Ahora un organismo regulador del agua está reduciendo de forma controlada las superficies de césped y los campos de golf. El ballet acuático del Bellagio ya funciona con agua procedente de fuentes de lavado. La región metropolitana en pleno auge se prepara para hacer frente al futuro con menos riegos. El agua se convierte en una maldición. O falta o llega en exceso con una fuerte tormenta o una inundación. Los expertos en clima temen que el nivel del agua del mar aumente medio metro hasta finales de siglo. El mar engullirá primero los asentamientos y deltas de los ríos de los países en vías de desarrollo. Después roerá todos los diques de las metrópolis portuarias, dará con los puntos débiles e inundará las tierras del interior. Nada podría ser peor, pues casi la mitad de la humanidad se asienta en una franja costera de 100 km de anchura.

¿Quién no se acuerda del Katrina, aquel huracán que azotó Nueva Orleans el 28 de agosto de 2005, de los ciudadanos aturdidos en el Superdome, de las casas inundadas y de los dramáticos rescates con helicóptero? Todo parece indicar que la nueva ciudad de Nueva Orleans ha aprendido la lección a partir de la desgracia. Este verano, el alcalde ordenó la inmediata evacuación de la población cuando se acercaban a la ciudad las terribles tormentas tropicales.

La oficina AS&P Albert Speer & Partner GmbH, de Fráncfort, planifica ciudades en todo el mundo. ¿Cómo califica Albert Speer la situación en Nueva Orleans? “Nueva Orleans es una de las ciudades más antiguas de los EE.UU., además de una de las ciudades con más historia. Los cambios de intensidad de las tormentas tropicales le afectan especialmente. Naturaleza es caos y nosotros intentamos domarla una y otra vez. Pero lo conseguimos sólo de forma limitada”.

La salvación reclama un proyecto diferente. Actualmente la ciudad se parece a un laboratorio al aire libre para ingenieros y arquitectos. Buscan respuestas al creciente nivel del ruido, las tormentas y las inundaciones. El marcador de los donativos señala 84 y sigue aumentando. Tiene que llegar a 150. Tantas casas ecológicas quiere construir la asociación sin ánimo de lucro “Make it Right” de Brad Pitt, palafitos a un precio de 150.000 dólares por unidad. La estrella de Hollywood no quería ahorrar cuando se trataba de encontrar un nuevo hogar para las víctimas de las inundaciones y organizó un concurso internacional.
13 oficinas presentaron el año pasado los primeros bocetos, entre ellas Adjaye Associates, Shigeru Ban Architects, MVRDV y Graft, el constructor de la casa de Brad Pitt en Berlín. Las casas de la marca “Mister Right” no solo tienen que ser económicas, sino que también deben ser resistentes a las tormentas y anclar con seguridad sobre el suelo tres habitaciones sobre una plataforma con una veranda de dos metros y medio, mientras que las olas pasan por debajo de la casa. Únicamente el coche tiene que quedarse por debajo.

Quien quiera navegar por Internet a través de los diseños verá algunas casas elevadas de ensueño, algunas extravagantes, pero la que más destaca es la “casa escapatoria” de MVRDV que actualmente se expone en la galería de arquitectura berlinesa Aedes: los holandeses crearon una imagen transitable de la destrucción, una casa completamente deformada por la furia de la tormenta con la forma de un buzón americano gigante. Como presionada por el centro por fuerzas gigantes, sus extremos se lanzan hacia el aire como en un momento de pánico. Ventanas, balcón, puertas: todo deformado y fuera de su equilibrio. Una verdadera “escape house”.

Mientras que la arquitectura y el urbanismo buscan nuevas soluciones, el arte aporta probablemente la contribución más decisiva a una nueva forma de pensamiento global. Puede cambiar los puntos de vista y dejar claro lo dependientes que somos del agua. Tan solo en las lavanderías industrials se consumen al año 42 millones de metros cúbicos de agua y 60 petajulios (PJ) de energía. No es casualidad que cada vez más actos artísticos sitúen al agua en el centro de atención, ya sea Olafur Eliasson llenando toda una galería con seis toneladas de hielo del glaciar Vatnajökull en la costa del sur de Islandia, colocando cascadas de agua artificiales delante de Manhattan o como Roni Horn construyendo en Reikiavik una “Biblioteca del Agua”: 24 columnas de cristal llenas de hielo de glaciares islandeses. Gigantes de hielo deshaciéndose, un “gesto del juego final”, comenta la artista.

Ya en 1987 Andreas Gursky fijó la “Swimming Pool” de Ratingen como el prototipo de nuestra moderna sociedad del ocio. Pero con las “James Bond Islands” creó una “mega-imagen” del mundo actual. Gursky no es el primer fotógrafo de la globalización, pero quizás sea uno de los más importantes. Su mirada del mundo se parece a la de un telescopio suspendido en el Universo. Quiere representar la “esencia de la realidad”, dijo una vez este creador de imágenes; lo que despliega en sus hiperrealistas “James Bond Islands” muestra con toda su irreal nitidez ciertos panoramas de frágil creación. Mientras Gursky revoluciona el horizonte de la fotografía digital, tanto desde el punto de vista del contenido como del técnico, aumenta el deseo de proteger lo real: en Vietnam, en Ratingen y en Las Vegas.

El agua, nuestra materia prima más valiosa, nos seguirá moviendo. Pero lo que antes no era más que culto y gozo, ahora ha adquirido una nueva dimensión mucho más humana. Se trata de atenuar las peores consecuencias del cambio climático. Se trata, en primer lugar, de concienciación. Para ello necesitaremos más arte, más arquitectura y más diseño, nunca menos.