Measuring the world

How The Matrix Captures Our Imagination

En realidad, sólo faltaban los tarros de especies y el pan árabe. Todas las demás cosas necesarias para un zoco estaban allí: callejones retorcidos, plazas apacibles y muros altos: el “Design annual” 2006 de Frankfurt tomaba nuevos caminos. Desde la inexorable cuadrícula de la feria moderna, la caja, crecían de pronto callejones angulosos confeccionados con espuma de poliuretano de 0,6 milímetros. La ciudad se creó en el ordenador, más exactamente: en el laboratorio de diseño digital de Clemens Weisshaar. El diseñador de Munich trabajaba como un planificador urbanístico, con grandes modelos y planos que se unían en el tiempo para formar una ciudad. Para Weisshaar las ferias son algo así como campamentos militares, “anárquicos, provisionales y que apenas se pueden abarcar con la vista”. El modelo de los stands de feria como tableros de ajedrez pertenece al pasado. Después de girar tres esquinas... ¿quién es capaz de saber aún dónde se encuentra? Desde el callejón sin salida de la edad contemporánea de la cuadrícula, el diseñador señala hacia la edad moderna digital. Ningún módulo es igual que los demás. Aun así, en sólo 24 horas surgió una exposición que celebraba el propio acto de exponer. Como parque temático en el que los espectadores deben redescubrir y conquistar
cada ángulo. Los paseantes de la feria que se desplazan con carrito y zapatos cómodos se convierten en descubridores con casco tropical y machete. El entorno neutro ya no es suficiente hoy en día, las ferias deben volver a convertirse en una experiencia, en una fiesta de los sentidos. Vilipendiada, reprendida y aun así reproducida infinitamente: la cuadrícula es la dueña de la modernidad, su núcleo central de expresión y de construcción. Catapultó la estética mecánica de las fábricas a la horizontal de la construcción masiva (de viviendas), hinchó el plano bidimensional hasta que surgió la vivienda de hormigón y acero. El ocio y la fábrica no han estado nunca tan cerca como aquí, marcando el paso aditivo de los elementos prefabricados que se han encajado para formar estructuras portantes, como piezas de un puzzle gigante. La cuadrícula prometía la divina trinidad: infinita, intemporal y omnipresente. Los edificios se podían alargar y ampliar en todas direcciones. Su núcleo flexible de acero y hormigón se desarrollaba a partir de los más pequeños elementos espaciales, células, al igual que organismos desde dentro hacia fuera. Por primera vez se aplicaba: “What you see is what you get.” La estructura y la superficie se fundieron, la construcción se reproducía directamente sobre la piel exterior, que había dejado de ser parte de una construcción portante. Aunque también había dejado de prometer un secreto, algo que sólo podía cumplir el interior.
No obstante, lo que los maestros constructores de la época moderna consideraban una liberación en masa condujo a la monotonía. Hay diferencias de opinión en cuanto a la cuadrícula. Marca el triunfo de la arquitectura al igual que los puntos más bajos de una construcción sin alma que enmascara a través del orden su falta de rostro. En Brasilia y en otras “ciudades probeta” de la época de la postguerra, la euforia de la modernidad se desmorona. En la construcción de bloques de hormigón nos encontramos con la otra cara de la cuadrícula, la máquina de viviendas sin alma que unifica a las personas y que se convierte ella misma en un problema, en una necesidad de saneamiento. No es de extrañar que la postmodernidad comience con la ruptura de la cuadrícula, cuando se volaron los primeros bloques de viviendas de alquiler y se hundieron en una nube de polvo.
La cuadrícula está por encima de las ideologías. En cuanto a los combinados de edificación orientados al crecimiento rápido y la rentabilidad no se diferencian en nada a sus compañeros capitalistas. Bien mirado, la propia cuadrícula es una ideología, la mayor promesa de esclarecimiento, que prometía nada menos que el dominio del mundo a través de una planificación tanto racional como económica, universal, capaz de superar toda resistencia. A partir de un elemento modular crece un segundo mundo, regular, que se puede reducir a unas pocas estructuras básicas. Une lo pequeño y lo grande, lo efímero y lo permanente, como prometen las piezas de construcción de Lego.

DOS GRAMOS DE ETERNIDAD

La perfección también está al principio de esta técnica. Sus dimensiones ideales dejan huella en todas las nuevas generaciones de diseñadores, constructors y arquitectos: Una pieza de Lego con ocho módulos mide 2,1 por 1,5 por 0,9 centímetros. Su masa: dos gramos. En 1949 comienza la historia del éxito del juego para los constructores de mundos y los amigos del plástico. El carpintero Ole Kirk Christiansen invierte en una máquina de inyección de plástico y descubre en un plástico de colores vivos el elemento constructivo del futuro. El acrónimo Lego de “Leg godt” (juega bien) luce desde hace 15 años en el nombre de la empresa, pero sólo está registrado desde 1954, cuando destaca el éxito de estos ladrillos encajables. Aunque a primera vista las piezas de Lego puedan recordar a un ladrillo normal, estos elementos moldeados por inyección encarnan aquella forma racional que se ha convertido en la esencia de la modernidad. El sistema modular permite un número de combinaciones casi infinito y personifica nada menos que la evolución de la modernidad en miniatura. Con seis piezas de ocho módulos se consiguen casi mil millones de posibilidades. La fuerza de las piezas de plástico reside en la unión encajable, los tubos huecos son el compañero de los módulos salientes. Las uñas rotas y las huellas de dientes en las piezas demuestran que el juego no se puede doblegar. Con grandes ojos contemplan las nuevas generaciones de constructores sus creaciones siempre nuevas y cada vez más atrevidas, logradas con los más modernos materiales de su época. Incluso Frei Otto alababa estos pequeños ladrillos y los consideraba un campo de experimentación para los grandes ingenieros del futuro.
Si Lego es el hijo de la cuadrícula, su castillo se edifice sobre el Kuhberg de Ulm. Desde la cuchara hasta la ciudad, la Escuela Superior de Diseño (Hochschule für Gestaltung) quería transformar el apestoso mundo de la postguerra y darle un nuevo y sistemático rostro. Incluso las artes plásticas y la poesía se unían en un sistema, la creencia de poder penetrar en lo nuevo a través del diseño racional: la llamada Poesía concreta de los años 50 constituyó la clave del “diseño del entorno”. Al igual que el artista de la Bauhaus Josef Albers llegó a una doctrina básica, la “Interacción del color” (1960), las constelaciones de Eugen Gomringer desarrollan una “Interacción de las palabras”. De repente, la poesía era comunicación. También aquí la cuadrícula había descubierto un lenguaje, al igual que antes el mundo de las construcciones portadoras libres de Konrad Wachsmann y Fritz Haller. Hoy en día, su sistema de módulos de acero USM sigue teniendo acogida en los gabinetes de arquitectos. Preferiblemente en negro.

White Cube – Black Box

Hangares de aviones y mostradores, norma DIN y sistemas de montaje por módulos, White Cube y Black Box: la cuadrícula es el elemento básico de la modernidad. Tanto, que los belgas François Schuiten y Benoît Peeters en su cómic “La fiebre de Urbicanda” de 1989 muestran la desbordada fantasía del planificador urbanístico como una cuadrícula de acero que engulle la ciudad. Hoy en día se abren nuevas posibilidades para generar una sistemática más allá de las estructuras lineales. La técnica ya no se enfrenta a la naturaleza, sino que la reproduce. La modernidad digital corta un traje a medida que unas veces puede tener un aspecto y otras veces otro muy diferente. “Un derroche de mano de obra y una deshonra al material”, es como Adolf Loos calificaba en 1908 al ornamento, convirtiéndose en el tan citado precursor de una modernidad cada vez más racional. Pero a la fresadora CNC le da igual si lo que está cortando son flores o listones encajables. Y, de pronto, las antiguas cualidades adquieren una nueva importancia: el ambiente, por ejemplo, la sensación de moverse a través de un mundo tallado. Lo que buscan cientos de miles de turistas en el casco antiguo de Ratisbona, Barcelona o Génova, la sensación de perderse y de explorar, ofrece nuevas posibilidades. Frankfurt intentó activar la base sin nombre de la exposición: como un entramado de callejones y esquinas que parece espontáneo y no planificado, mostrando que la emoción y la racionalidad ya no se excluyen mutuamente en el futuro. Al contrario: en la cuadrícula, módulo básico de la modernidad, se encajan elementos lúdicos. Estamos en la transición a una modernidad 2.0, cuyo núcleo racional permite las más diversas aplicaciones, análogamente al sistema operativo de un sistema de ordenadores en red, cuya superficie se puede adaptar de manera individual. Florecillas y tablas sobre la base de una cuadrícula estricta. ¿Quién lo habría pensado? Pero funciona espléndidamente. La cuadrícula no falla.