Learning to eat

En Internet circulan pronósticos que dicen que en 40 años uno de cada dos adultos padecerá obesidad. Quien se asome alguna vez a los parques infantiles o los patios de escuela del barrio, no los mejores pero sí los que más hay: eso puede ser verdad.

Pero no necesariamente. Porque si se buscan las causas, además de la muy citada falta de ejercicio y la constante publicidad de alimentos no sanos o no naturales, nos encontramos principalmente con una cuestión: la falta de información
Ya es hora de introducir la “alimentación” como una asignatura propia regular. Pero no a base de conferencias áridas sobre las tiendas de productos naturales, sino con información y experiencias útiles. Pero sobre todo: no limitado a las escuelas privadas o los modelos pedagógicos y escolares alternativos, sino como asignatura para todas las escuelas estatales. Es decir, para todos. Mejor si se empieza en el primer curso.
Seleccionar bien tiendas y supermercados, descifrar las etiquetas, comprender y explicar los componentes, evaluar los productos frescos, estimar los precios … todo eso se debe aprender. Porque: no puede haber alimentación consciente sin una compra consciente. Y por supuesto: ¿Qué desencadena en realidad la comida y la bebida en mi cuerpo? ¿Por qué actúan las zanahorias un poco como la leche solar? ¿Por qué es malo demasiado azúcar? ¿Y por qué nos hace enfermar la grasa excesiva? O por el contrario: ¿Qué consigo concretamente cuando como fruta y verdura (además del buen sabor)? Por cierto:
Imagínese que todos los niños tuvieran la oportunidad de llevar una vida sana para comprobar el buen sabor que puede tener. No importa de dónde venga ni qué se coma en casa. (El sabor es una vivencia y probablemente será mucho más convincente que cualquier argumento teórico expuesto, por bueno que sea.)
También sería positivo: aprender a cocinar uno mismo. Movimientos, técnicas, ingredientes, tendencias … Aquí también se debe experimentar. Es decir, cocinar. Para ello deberían instalarse en las escuelas cocinas funcionales, igual que se instalan salas de ordenadores. ¡Y los cocineros deberían hacer de maestros! En este sentido: ¿Por qué algunos alimentos sólo se pueden conseguir en determinadas épocas en determinados países? ¿Por qué tiene sentido (y es divertido) comer estos alimentos precisamente allí? ¿Qué implica que se importe la fresa de Israel? ¿Y cuál es la diferencia entre un invernadero y la naturaleza? ¿O no la hay?
¿E ir a un restaurante? ¿Se puede aprender eso? Al menos podría transmitirse el principio de la variedad. La nueva lista de las 100 empresas de comida más grandes de Alemania está compuesta casi exclusivamente por cadenas de restaurantes de comida rápida. Mientras que el resto del sector gastronómico flaquea, el volumen de negocio de las cien cadenas de restaurantes de comida rápida más grandes crece en un 7,6% (el mejor resultado desde 1995). Por otro lado, prospera la Slow Food, el movimiento internacional de protección del derecho al disfrute, y ofrece el programa de contraste con la pobreza culinaria. ¿Cuántos niños lo conocen?
Sería interesante también un capítulo de “Alimentación como negocio”: La industria de la alimentación es inmensa. Asegura el suministro básico, encuentra diariamente nuevos productos, da trabajo, recibe dinero público y con frecuencia experimenta escándalos. No está mal saber cómo son más o menos las estructuras de este negocio. Y qué papel tienen los niños y los jóvenes en el asunto.
Breves incursiones al saber popular podrían hacer de la asignatura “alimentación” una experiencia reveladora. Por ejemplo, para entender por qué se puede escribir seriamente un capítulo de un libro sobre la preparación de un huevo frito. O para probar si uno mismo puede hacer una limonada que además esté buena.
Y no en último término: El significado cultural de la alimentación. ¿Por qué los alemanes comen a menudo patatas y los libaneses garbanzos? ¿Es el kebab realmente el plato nacional turco? ¿Por qué los musulmanes no comen cerdo? Material para muchos años. Unas veces se come porque es saludable, otras veces simplemente porque sabe bien. Con un poco de fantasía se puede imaginar que los pequeños no sólo consiguen un buen desarrollo físico, sino también mental.
El coste estimado como consecuencia de la mala alimentación y de las enfermedades alimentarias sólo en Alemania es de aproximadamente 71.000 millones de euros al año. Ello significa 1/3 del coste total sanitario, y la tendencia es ascendente. Como además, según la OMS, la Organización Mundial de la Salud, actualmente hay alrededor de mil millones de personas con mucho sobrepeso y uno de cada cinco niños está gordo (siempre según la OMS), los políticos reaccionan también desde hace tiempo solicitando a las escuelas estatales que enseñen a los niños sobre alimentación. Por tanto, muchos factores indican no se puede cuestionar la necesidad de introducir la “alimentación” como asignatura normal en todas las escuelas. Sino que es solo cuestión de tiempo.