La precisión se aúna con la sensualidad

En el transcurso de este rediseño Dornbracht introduce una nueva superficie galvanizada: CYPRUM es de un tono oro rosado elaborado de oro y cobre,

que pone de manifiesto la creciente importancia que está ganando el cobre y los tonos oro rosado en los ámbitos del interiorismo y la moda. El nombre CYPRUM es una palabra inventada derivada de «cuprum», que significa «cobre» en latín.

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La edad de cobre
Petra Schmidt

El cobre ha iniciado una verdadera marcha triunfal entre los diseñadores. El británico Tom Dixon dio el impulso inicial ya en el año 2005. En la feria del mobiliario de Milán colgó numerosos ejemplares de su lámpara de globo «Shade» (sombra) del techo del superestudio, lo que causó el furor del público. Desde entonces, el cobre ha venido para quedarse en los interiores modernos. En el año 2008 Philipp Mainzer, diseñador y propietario de la prestigiosa marca de mobiliario e15, ya empleó de manera impresionante este metal en su mesa auxiliar «Habibi». Igualmente, el célebre arquitecto británico David Adjaye aprecia este material: junto con la lujosa marca turca Gaia & Gino y Swarovski diseñó jarrones y cuencos de cobre revestidos de cristal.

Lo que más sorprende de este nuevo amor por el cobre es que los diseñadores apenas se habían interesado por este colorido metal en los últimos cien años. Durante largo tiempo el cobre gozó de poca estima y apenas encontró empleo tras la época del Modernismo. Sin embargo, posee toda una serie de propiedades positivas: es un gran conductor de la electricidad y el calor con efecto antibacteriano. Es relativamente blando, de manera que resulta muy maleable. Asimismo, sin tratamiento alguno al cabo de los años forma una impresionante pátina.

No obstante, ya desde la época Bauhaus la modernidad en el diseño prefirió ornamentar con superficies y metales plateados, como el acero inoxidable, el cromo y el aluminio. Mientras que en la primera época de la Escuela Bauhaus, diseñadores como Marianne Brandt y Wilhelm Wagenfeld trabajaban con toda obviedad con cobre, latón y plata para elaborar sus exquisitas piezas únicas o series limitadas artesanales, no tardó en llegar la famosa reorientación hacia la fabricación industrial. El director y fundador Walter Gropius exigió que la Escuela Bauhaus se alejase de lo artesanal y del «trabajo romántico».

La fabricación industrial, por su parte, apostó por metales de producción racional y económica como el aluminio y el acero. Los tubos de acero cromado, como los empleados por Mart Stam o Marcel Breuer en sus famosos asientos, se convirtieron en la tendencia dentro de los materiales para el mobiliario doméstico. Y la plata perduró. Desde ya hace casi noventa años, este metal noble viene siendo el color distintivo del diseño moderno en todos los ámbitos cotidianos: plata como epidermis de vehículos de formas aerodinámicas en los años treinta, brillo plateado en la moda de los años sesenta con influencias del alunizaje y, por supuesto, la carcasa de aluminio plateada de Macbook e iPad en la actualidad.

Esta transformación fue especialmente fundamental en el caso de las griferías de baños y cocinas. El acero inoxidable y el cromo en combinación con superficies de esmalte y porcelana se conviertieron en paradigmas de funcionalidad, fácil cuidado y, sobre todo, de higiene, aunque también de racionalidad y sobriedad.

Ahora esta tendencia toca a su fin con un metal de cálido brillo: el cobre. El cobre parece reunir todas las propiedades simbólicas de las que carecía el interior moderno: calidez, intimidad y una aproximación artesanal con este elemento. Es decir, el hecho de que los diseñadores actuales estén empleando cobre en el baño, la cocina y la sala de estar no puede interpretarse como un mero juego habitual de tendencias cromáticas y materiales. Se trata más bien de una llamada a una época en la que la artesanía y el diseño iban de la mano y los diseñadores elaboraban por sí mismos piezas únicas en talleres como los de la Escuela Bauhaus. Es el anhelo del trabajo romántico a la antigua usanza, de lo particular en las piezas únicas, de lo auténtico en los materiales. Y del brillo cálido y suntuoso de tiempos que han quedado muy atrás.

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